lunes, 5 de junio de 2017

LAS HEREJÍAS DEL “CAMINO NEOCATECUMENAL” (Primera parte)




Muchos católicos ven en este movimiento una manera legítima de servir a Dios y a la Iglesia, de satisfacer un cierto sentimiento religioso. Pero, ¿cuáles son las verdaderas doctrinas del Movimiento Neocatecumenal? EI Padre Zoffoli, teólogo italiano pasionista estudió durante varios años los documentos oficiales del “Camino Neocatecumenal” y presentó sus conclusiones a varios obispos, cardenales e incluso al Papa, recibiendo como respuesta “silencio, desconfianza y hostilidad”. Publicamos aquí la parte doctrinal de su libro “Catequesis Neocatecumenal y ortodoxia del Papa”, que esperamos podrá esclarecer mucho a los católicos.

   PADRE ZOFFOLI: Refiriéndome al “Camino Neocatecumenal”, el término “herejías” puede hacer sonreír a algunos e indignar a otros, pues muchos ––en la Iglesia–– me juzgarán demasiado alarmista e imperdonablemente ofensivo. Mas, por desgracia, esto corresponde a una realidad que someto a la reflexión de todos; pidiendo particular atención, a los párrocos, obispos y sobre todo al Papa.

ORDEN SAGRADO, SACERDOCIO, JERARQUÍA

   a) La verdadera Iglesia de Jesucristo sería solamente la de los tres primeros siglos, después de los cuales —desde Constantino en adelante—, institucionalizándose, se habría corrompido, hasta que después de 1600 años habría reaparecido con el Concilio Vaticano II. Por lo tanto, durante un largo período, Jesucristo no habría cumplido su promesa de permanecer junto a su Iglesia todos los días, hasta el fin de los tiempos, y por consiguiente asistirla contra los poderes de las tinieblas (San Mateo, 28, 20; 16,18).

   b) De aquí se deduce que veinte Concilios ecuménicos, desde el de Nicea (325) hasta el Vaticano I (1870), no habrían enseñado nada definitivamente verdadero e indiscutible; la gloriosa multitud de todos los Padres de la Iglesia, desde principios del siglo IV en adelante, seguidos por los mayores teólogos de la Edad Media y los innumerables Santos formados en su escuela, no serían dignos de estudio ni de admiración por haber sido reconocidos y aprobados por el Magisterio de una Iglesia lánguida, corrompida, infiel al mensaje de su Fundador. Su traición vendría dada por la historia, espíritu, definiciones dogmáticas y reformas promovidas por el Concilio de Trento.

   c) La Santa Madre Iglesia no habría sido fundada por Nuestro Señor Jesucristo como su único rebaño: “La misión de la Iglesia no es hacer que todos entren para formar parte de ella jurídicamente...” Ella no sería por tanto “la única tabla de salvación que todos deben alcanzar para salvarse”. No se le puede atribuir una estructura jurídica como componente necesario de su naturaleza: su índole sería esencialmente carismática.

   d) Todo esto es lógico si, como se sustenta:

1)    El “sacrificio” es un residuo del culto pagano, “en la Eucaristía no hay ninguna ofrenda”, La Misa no es un “sacrificio”,

   2) En la Iglesia no hay un sacerdocio ministerial esencialmente superior al común de todos los bautizados; luego, no tiene sentido la Orden Sagrada que lo confiere, distinguiendo al clero del laicado.

   3) Mas, si no hay una Jerarquía, nadie en la Iglesia posee y puede ejercer el triple poder de gobierno, santificación y magisterio, por lo que en ella no hay ni superiores ni súbditos: la igualdad sería universal y total, porque es sociedad esencialmente democrática, como la civil, en la que el pueblo es soberano. Así pues:

   * Si en la Iglesia no hay ningún poder de jurisdicción, su gobierno es ilegítimo, sus leyes no son obligatorias, e injustificadas son sus sanciones...,

   * Si en la Iglesia no hay un divino poder de santificación, vanos son todos los actos de culto, sin eficacia ninguna las funciones del sacerdocio, inútiles los sacramentos, y por fin, nula su función en la sociedad civil...;

   * Si en la Iglesia no hay ningún poder de Magisterio (sobre todo infalible), es completamente arbitrario definir de modo absolutamente cierto e irrevocable verdades de fe y normas de vida moral: Así que lo que se enseña en ella es solamente opinable y siempre discutible y en consecuencia:


    + El Cristianismo no sería una religión divinamente inspirada.

   ++ Estaría entre las demás religiones, más o menos dignas de respeto, nada más.

   +++ Injustificado sería el rigor con el cual la Iglesia definió y rechazó como heréticas todas la doctrinas incompatibles con su fe..., alegando y reivindicando una dignidad y una misión superiores a las de la sociedad civil...

   e)    Éstas son las consecuencias que se derivan del repudio de las Órdenes Sagradas, del Sacerdocio Ministerial, del Sacrificio. Ahora bien, si es negado el Orden Sagrado, el rechazo de la estructura jerárquica de la Iglesia incluye a los diáconos, los presbíteros, los obispos y especialmente al Papa, reducidos a su simple condición de comunes “ciudadanos”, sin ninguna autoridad, lugar ni privilegio..., e intrusos culpables por haber pretendido, durante milenios, una fe y un respeto que no merecían, los seglares tendrían toda la razón para rebelarse contra la Iglesia...

   f) En resumen, los dirigentes del “Camino Neocatecumenal” varias veces al año organizan peregrinaciones a la tumba de San Pedro, y  que de esta manera:

   I) Honran en el Apóstol al primero de los Papas de la Iglesia Primitiva, idea muy querida de los protestantes, Iglesia desaparecida con la “paz constantiniana”, y ––resucitada con el Vaticano II.
   II) Se niegan a venerar en él al Vicario de Cristo, o sea al “Obispo de los Obispos” que tiene la plenitud del Sacerdocio Ministerial.

   III) Luego, los dirigentes del “Camino Neocatecumenal” (no digo “los fieles neocatecumenales”, ignorantes y de buena fe) reconocen en Juan Pablo II (recordemos que este informe fue echo en su pontificado) no al Sumo Pontífice, jefe visible de la Iglesia Católica, sino a una eminente personalidad del mundo civil, un poder humano de altísimo prestigio, ante quien pretenden presentarse como enviados, representantes, precursores, hijos predilectos; en cuanto que le atribuyen al Papa la misma doctrina de ellos, porque se sienten plenamente autorizados para pablar con autoridad propia y entonces no falta ya nada para sentenciar a muerte al Papado y a su Magisterio.


   Es justamente la ruina de la Iglesia Jerárquica, según un plan verdaderamente diabólico promovido hace siglos por la Masonería, empeñada en desestabilizar el Cristianismo como Religión positiva, divinamente inspirada.

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