miércoles, 7 de junio de 2017

EN DEFENSA DE LA MISA TRADICIONAL. – Primera parte de la (segunda parte)




LUTERO CONTRA LA MISA CATÓLICA

   Llegamos hasta el año1521 donde encontramos a uno de los herejes que más atacaron a la Misa y al Papado: el monje alemán Martín Lútero. El Padre Congar (uno de los ideólogos del Concilio Vaticano II) ha dicho de él: “Lútero es uno de los más grandes genios religiosos de toda la historia, yo lo coloco en el mismo plano que San Agustín y Santo Tomás de Aquino o Pascal: En cierta manera es, incluso, más grande”. Esta triste confesión nos demuestra que, si Lútero es tan querido por los hombres del Concilio Vaticano II y la nueva misa, hay algo que anda mal en la Teología de este siglo.

   Lútero, evidentemente, no fue ni un santo, ni un genio religioso. Era el hereje que odiaba al Papa y a la Iglesia, y que decía: “la misa católica es la mayor y más horrible de las abominaciones papistas, la cola del dragón del apocalipsis” Todo el odio de Lutero contra la misa católica tradicional se puede resumir en un solo concepto: la Misa se oponía a su concepción de la religión. En la Misa tradicional, el centro es Dios. Por lo tanto, antes que nada, él culto es un homenaje rendido a Dios, y el Sacrificio es el acto por excelencia de este homenaje. Para Lútero, por el contrario, el centro de la religión ya no era Dios, sino el hombre; la finalidad de la religión para él era esclarecer al hombre y -más aún- consolarlo. Y sí esto fuera así, ¿para qué serviría una inmolación hecha a Dios para reconocer su soberano dominio sobre las creaturas? Por esta razón es que Lútero deseaba la abolición del ofertorio. Después del Concilio Vaticano II, en la nueva misa, el ofertorio ha sido suprimido: se ha sustituido el ofertorio tradicional -que tan admirablemente expresaba la noción de sacrificio y de propiciación- y en su lugar se han puesto unas plegarias israelitas extraídas de la Kábala de los judíos, que se limitan a un mero intercambio dé dones entre Dios y el hombre, borrando el sentido de la oblación. Estas plegarias se usan, hoy en día, en las comunidades judías para bendecir los alimentos.

   Lútero explicaba esto: “La misa es ofrecida por Dios al hombre y no por el hombre a Dios; ella es la liturgia de la palabra, una comunión y una participación (...) este abominable canon que hace de la misa un Sacrificio. La acción de un sacrificador. Lo miramos como sacramento o como testamento. Llamémosle bendición, Eucaristía, mesa del Señor, Cena del Señor, o Memorial del Señor”.

   Quien reflexione sobre lo que decía el hereje Lútero, se dará cuenta que no tiene nada que ver con la teología católica, con lo que la Iglesia siempre creyó y defendió. Llegó al extremo de decir exactamente lo contrario de lo que es la Misa: que en vez de ofrecerla los hombres a Dios, como el acto de culto y religión por excelencia, pretendía que es Dios quien se la ofrece a los hombres. ¡Invertía todo! Lo más trágico es que los sacerdotes de la Iglesia Católica, haciendo caso al Concilio, hoy nos hablan de mesa del Señor, Cena del Señor, etc..., y ¡no rezan el ofertorio como lo quería Lútero!

   De hecho, lo que hizo Lútero fue adaptar la Santa Misa católica tradicional a su pensamiento, y para eso trastocó los textos esenciales del Canon y los mantuvo como simples recitaciones de la institución de la Cena. En un momento dado, agregó en la Consagración del pan las palabras “quod pro vobis tradetur” (“que será entregado por vosotros”), y en la consagración del vino suprimió las palabras “Misterium fidei” (“misterio de fe”) y quitó las palabras de Nuestro Señor “pro multis” (“por muchos") (8). ¡Esto es muy grave! ¡Cambió nada menos que las palabras de Jesucristo! Lútero -además- sustituyó el latín por la lengua de cada país; hizo cambiar el altar, poniendo en su lugar una mesa, mirando al pueblo; permitió distribuir la comunión en la mano; autorizó a que la comunión fuese distribuida por laicos; reemplazó la confesión privada y personal por absoluciones colectivas y dispuso que el nombre de Misa fuese sustituido por el de Eucaristía y Cena.

   Preguntémonos una vez más: ¿la nueva misa que nació en 1969 no es demasiado parecida a la que había fabricado él hereje Lútero?


NOTA:


8 - Jesús dijo “pro multis" (“por muchos") porque sabía que su Sacrificio Redentor no iba a ser aprovechado por todos los hombres, ya que muchos de ellos se condenarían. Por eso no utilizó la expresión “por todos los hombres”, previendo los que se iban a condenar. Nuestro Señor Jesucristo, la Sabiduría infinita, no podía equivocarse cuando celebró la primera Misa. Lamentablemente, y al igual que en el Padrenuestro, hoy en día sacerdotes y obispos creen poder mejorar al propio Jesús, y cambian sus palabras.

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