miércoles, 14 de junio de 2017

EN DEFENSA DE LA MISA TRADICIONAL – Tercera parte final.




DOCTRINA CATOLICA SOBRE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

   La verdadera Misa católica, según nos enseña la Iglesia desde siempre, esa Misa que fue codificada (esto es, redactada en forma definitiva, puesto que la Misa se remonta a los tiempos de Nuestro Señor Jesucristo) por el Papa San Pío V luego de! Concilio de Trento (desde 1545 hasta 1563) es un Sacrificio que verdaderamente es ofrecido por el sacerdote que la celebra, por la virtud misma de su sacerdocio, "in persona Christi”: es decir, en lugar de Cristo que es a la vez el Sacerdote y la Víctima; esto significa que la Misa es la renovación del Sacrificio de la Cruz, pero hecho ahora en los altares.

   La Misa, en efecto, es el mismo Sacrificio de la Cruz, con la diferencia de que no es sangriento. Este Sacrificio tiene cuatro finalidades: para alabar a Dios, para presentarle nuestros ruegos (se llama fin impetratorio), para darle gracias por sus dones y favores (es el fin eucarístico) y para que sea indulgente con nosotros (fin propiciatorio).

   En la Misa, la victima (la Hostia) que se le ofrece a Dios Padre es el mismo Dios Hijo, Jesucristo, real y verdaderamente presente en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, bajo las apariencias de pan y de vino. La consagración es el cambio de las sustancias de pan y vino por el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo: este es el milagro que citábamos antes, llamado transubstanciación, y puede realizarlo únicamente un sacerdote, por haber recibido el sacramento del Orden Sagrado. Con esto entendemos que los fieles presentes en la Misa no pueden consagrar. Pues bien, según el rito de la nueva misa, el mismo misal dice que el sacerdote consagra en nombre de los fieles, como presidente de la asamblea. Esto significa que, si el sacerdote le hace caso al misal, no consagra, porque es un presidente de asamblea y no un sacerdote. Y, si consagra el pan y el vino como sacerdote y no como presidente de la asamblea, está desobedeciendo a su propio misal y se opone a lo que dice la misa nueva. En el primero de los casos, la “misa” sería Inválida; en el segundo, ilícita. Pero en ningún caso sería la Misa católica.

LA BULA “QUO PRIMUM TEMPORE” DE SAN PÍO V


   Algunos sacerdotes y fieles de buena fe nos dicen que el Papa Paulo VI, al promulgar la nueva misa, no hizo más que seguir el ejemplo del S.S. el Papa San Pío V, antes citado. Esto es un gravísimo error. Paulo VI ha establecido un nuevo rito, que el Concilio Vaticano II no le obligaba a hacer. En cambio, San Pío V hizo exactamente lo que le pedía el Concilio de su tiempo, que era el Concilio de Trento: restaurar la Misa del rito romano a su forma más pura, para que “el Sacrificio se cumpla según el mismo rito para todos y por todos de forma que la Iglesia de Dios no tenga más que una sola lengua (...) que los misales sean restaurados según el uso y costumbres antiguas de la Misa romana” El Misal así restaurado fue promulgado el 19 de julio de 1570 por medio de la Bula “Quo Primum Tempore”; esta Bula (o Decreto) remarca de una forma muy clara que no se trata de crear un nuevo rito (como sí es la misa nueva) sino de conformar “un Misal revisado y corregido”.

   Una importante disposición de esta Bula acordó para siempre que nadie podrá jamás prohibir a ningún sacerdote celebrar la Misa tradicional. “Nos concedemos y acordamos que este mismo Misal podrá ser seguido en su totalidad en la misa cantada o leída en todas las iglesias, sin ningún escrúpulo de conciencia y sin incurrir en ningún castigo, condenación o censura y que podrá válidamente usarse libre y lícitamente y esto a perpetuidad, y de una manera análoga Nos hemos decidido y declaramos que los superiores, administradores, canónigos, capellanes y otros sacerdotes de cualquier Orden, no pueden ser obligados a celebrar la misa de otra manera diferente a como Nos la hemos fijado y que jamás nadie, quienquiera que sea, podrá contrariarles a cambiar de Misal”. Luego, no puede prohibirse a ningún sacerdote rezar la Misa de siempre; más aún, debiera felicitarse a aquellos que rezan la Misa que la Iglesia ha defendido durante casi veinte siglos.

Es Imposible prohibir la Misa tradicional. Nadie puede impedir a un sacerdote que la celebre, ni a un fiel que asista a ella. Ni siquiera el Papa puede hacerlo... sin embargo, y por la fuerza, ha habido casos de obispos que echaron a sacerdotes de sus iglesias por no querer cambiar la Misa. Inclusive han desalojado violentamente a sacerdotes con la policía mientras estaban celebrando la Misa de siempre.

   Varios de nuestros sacerdotes, y muchos otros sacerdotes amigos de diferentes congregaciones, han sido echados de sus iglesias sin más motivo que el de ser fieles a la Misa católica, por no querer cambiar los ritos de siempre de nuestra liturgia. Por no querer modificar las palabras de Nuestro Señor Jesucristo en la Ultima Cena. Por oponerse a cambiar el santo altar por una mesa. Por ser fieles a la Teología católica, a las enseñanzas de todos los santos y de 264 Papas de la historia de la Iglesia.

   Pero quienes echaron a nuestros sacerdotes son los mismos que abren las puertas de las iglesias de par en par, para celebraren ellas actos ecuménicos, conciertos de rock o, simplemente, ha cedido el edificio de sus iglesias para levantar en ese lugar una mezquita musulmana. En Argentina, nuestro Cardenal Primado, Monseñor Antonio Quarracino, quien le niega a los sacerdotes de la Fraternidad sus iglesias, ha abierto la Catedral Metropolitana de Buenos Aires para una reunión “interreligiosa” con el Dalai Lama (budista), los mahometanos, los judíos, los protestantes y los ortodoxos.

   Hoy, quienes echaron a nuestros sacerdotes, venden iglesias y seminarios para desmantelarlos y construir almacenes y lotes.

   Pero también, hoy, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, hija fiel de la Iglesia Católica, compra almacenes y lotes para refaccionarlos y levantar iglesias y seminarios.

   Iglesias y seminarios para rezar en ellos por toda la Iglesia Católica, empezando por el Papa y los obispos, y por todos ustedes, la Misa de San Pío V, la tradicional, la tridentina, la de siempre: la Misa católica.


Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

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