lunes, 12 de junio de 2017

EN DEFENSA DE LA MISA TRADICIONAL. – Segunda parte de la (segunda parte)




LUTERO CONTRA LA MISA CATÓLICA

   Lútero, en el fondo, no quería tratar estos hechos con demasiada franqueza Decía que: “para llegar segura y eficazmente al final, es necesario conservar ciertas ceremonias de la antigua misa, para que los débiles no se escandalicen por el cambio demasiado brusco”. Algo parecido llevó a cabo la reina Isabel de Inglaterra, quien para atacar al catolicismo en su país y poder implantar el anglicanismo, encargó a sus teólogos que no negasen expresamente el dogma católico de la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en la Santa Eucaristía, sino que lo dejen indeciso, a la elección de cada persona.

   Con todos estos trucos, Lútero y otros herejes lograron introducir lentamente el protestantismo en poblaciones enteras, que se seguían considerando católicas, y que -cuando se dieron cuenta- ya habían asimilado las herejías.

   Es terrible el éxito de estas medidas de Lútero para disimular los cambios, en ambientes que hubieran reaccionado enérgicamente si desde el principio se hubiesen dado cuenta de lo que se tramaba: cambiarles la misa para cambiarles la religión.

   Esta lección de la historia nos crea, en nuestros días, la grave obligación de alertar a nuestros hermanos en la fe, contra un proceso similar de cambios en la Misa de siempre.

   La misa luterana fue presentada en la Navidad de 1521, con las siguientes partes: Yo pecador la oración de entrada, Kyrie eléison. Evangelio y predicación, nada de ofertorio, Sanctus, los recitados en voz alta y en lengua de cada país de la institución de la Cena, la comunión en la mano y bajo las dos especies (pan y vino), el Agnus Dei y la bendición final. Ese nuevo culto fue una reducción y caricatura del verdadero culto católico, pero una transformación algo tímida, que conservaba aún mucho del esplendor de la Misa tradicional. Pensemos esto cuando nos digan que la misa nueva se parece mucho a la Misa de siempre. No solamente eso no es cierto, sino que, además, así empezó Lútero...

   En resumen, Los protestantes concentraron sus esfuerzos en tres puntos esenciales:


   1) Negación del carácter de sacrificio que tiene la Misa católica, salvo un sentido de sacrificio de alabanza.

   2) Negación de la transubstanciación, esto es, el milagro de convertir el pan en el Cuerpo y el vino en la Sangre de Jesús. Para ellos, no hay una presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en la Hostia Consagrada sino solamente una vaga presencia espiritual.

   3) Negación del Sacerdocio real del celebrante; el sacerdote se reemplaza para ellos por la reunión o asamblea de fieles, como si fuera un sacerdocio colectivo, bajo la presidencia de un padre o pastor.

   En la nueva misa existen muchos pasajes que permiten sugerir estos tres puntos anteriores “baste recordar  que ahora los sacerdotes leen en voz alta unas oraciones llamadas presidenciales, en las cuates hablan en nombre de la asamblea. Durante toda la Consagración leen en voz alta, por lo que también allí hablan en nombre de la asamblea. ¿Quién consagra el pan y el vino entonces, en la nueva misa? ¿Un sacerdote, un presidente, un pastor, o todos los fieles reunidos en un sacerdocio común?

   Pero hay más; Los sacerdotes que dicen la misa nueva hacen lo mismo que Lútero: ¡cambian las palabras de Jesús en la Ultima Cena! Ya no dicen “por muchos” sino por todos”...

   (Nuestro Señor decía: “Los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Convendría que muchos sacerdotes de hoy recuerden las palabras del Divino Maestro).

   Evidentemente, esta nueva falsa que se parece tanto a la de Lútero, hace que, quienes asisten a ellas, también se parezcan a los desprevenidos feligreses de Lútero: lentamente les iban cambiando la fe, por culpa de una Misa que ya les habían cambiado antes.

   Los resultados no merecen comentarios. La caída de la asistencia “a misa” ha sido impresionante. Según una encuesta realizada en 1989 a nivel internacional, el 84,5% de las nuevas generaciones no asisten a la “misa dominical”. ¡Estos son los frutos de la nueva misa! Del resto de los que asisten regularmente a la nueva misa poco podemos decir, se podrían contar sin dificultad aquellos que, en algún punto, no han asimilado ya algunas ideas protestantes. Esto es la repetición del suceso ¿qué ocurrió en la Reforma protestante que acabamos de enunciar, aunque a una escala mucho mayor.

   Pero desgraciadamente no nos sorprende. Ya desde los primeros años de la implantación de la nueva misa, Monseñor Lefebvre, el fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, decía ya en 1975: “Resulta imposible, desde el punto de vista psicológico, pastoral y teológico, que los católicos abandonen una liturgia (la misa tradicional), que constituye verdaderamente la expresión y el sostén de su fe para adoptar nuevos ritos que fueron concebidos por herejes, sin someter con ello su fe a enorme peligro. No se puede imitar constantemente a los protestantes sin convertirse en uno de ellos”. A juzgar por los resultados, es indiscutible que Monseñor Lefebvre tenía razón: hasta tal punto estaba en lo cierto que, luego de implantada la nueva misa varios protestantes de diversas sectas declararon que no había nada en ella que contradijera sus ideas. ¿Acaso habían cambiado los protestantes, se habían hecho católicos? No, fue al revés: para fabricarla nueva misa, en el Concilio Vaticano II fueron llamados seis pastores protestantes corno asesores. Luego, si en la elaboración de la nueva misa había asesores protestantes, no es de extrañar que hoy las iglesias católicas se vacíen y se llenen los templos protestantes...


   Y una pregunta inquietante: ¿para qué llamar a los protestantes a colaborar como asesores en la confección de la nueva misa? ¿Desde cuándo los protestantes pueden enseñarles teología a los obispos católicos?

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