jueves, 22 de febrero de 2018

La estatua en su hornacina – Por San Francisco de Sales.





   Si una estatua, que hubiera sido colocada en una hornacina en medio de una sala, pudiera hablar y se le preguntara: ¿Por qué estás ahí? Respondería: “Porque el escultor, mi maestro, me ha puesto aquí”. “¿Por qué no te mueves?”. “Porque él quiere que permanezca inmóvil”. “¿Para qué sirves estando ahí? ¿Qué provecho sacas con estar así?”. “Yo no estoy aquí para mi propio provecho; estoy para servir y obedecer a la voluntad de mi maestro”. “Pero tú no le ves nunca”. No —responderá la estatua— pero él me ve y le causa placer que yo esté donde él me ha puesto”. “¿Y no querrías tú disponer de movimiento para ir cerca de él?”. “En absoluto, a menos que él me lo mandara”. “Así pues, ¿no deseas nada?”. “No, porque yo estoy donde me ha puesto mi maestro, y su voluntad es el único contento de mi ser”.

   ¡Dios mío, querida Hija, qué oración tan buena, y qué modo más excelente de mantenerse en la presencia de Dios, de permanecer en su voluntad y en su agrado! Según mi parecer, la Magdalena era una estatua en su hornacina, cuando, sin pronunciar palabra, sin moverse y, tal vez, sin siquiera mirarlo, escuchaba lo que decía Nuestro Señor, sentada a sus pies. Cuando Él hablaba, ella escuchaba; cuando Él dejaba de hablar, ella cesaba de escuchar; y sin embargo, ella seguía allí. Un niño pequeño que está en el regazo de su madre mientras ésta duerme se encuentra verdaderamente en el mejor lugar y en el más apetecible, aunque ella no le dirija palabra, ni él a ella.


“Carta a Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal, (16 de enero de 1610)”

AYUNO Y ABSTINENCIA – Por Cornelio Á Lápide (III parte) y final de esta publicación.




EL BUEN SAMARITANO.


   COMENTARIO DEL BLOG: Creo que lo que está escrito en esta publicación pocos lo saben, y si lo saben, no en el sentido que estos Santos les dan al ayuno acompañado de las buenas obras y mortificación de las pasiones. Ayunar solamente no basta para agradar a Dios, si no se hace lo que se explica en la segunda parte de esta publicación. El que no lo lee corre el riesgo de ayunar mal. De más está decir que este comentario no va dirigido a los que saben. Yo no lo sabía. Ahora puedo decir que entiendo el verdadero sentido del ayuno. Dios nos conceda la gracia de practicarlo.


Falsos pretextos que se alegan para no ayunar.


   Alegamos mil razones falsas para librarnos de la ley del ayuno: la edad, la debilidad de estómago, las ocupaciones, la rigidez de la ley etc.

   Los pecadores no pueden ayunar, es decir, no tienen fuerza para salvarse, y la tienen para condenarse; pero es más costoso ir al infierno que ir al cielo El mundo tiene tormentos, sacrificios, privaciones, exigencias, Ordenes mil veces más penosas qne el Evangelio...

   ¿Y no ha de haber ninguna energía para el bien, habiendo tanta fuerza para el mal?... ¡Los que se creen demasiado débiles para ayunar y hacer abstinencia, saben perfectamente imponerse privaciones cuando se trata aunque no sea más que de ganar una corta cantidad de dinero; y cuando se les asegura que obtendrán la gracia, el cielo y la gloria eterna con algunos días de ayuno, son demasiado débiles!...

   ¡Ah! no es la debilidad del temperamento la verdadera causa de la violación de una ley tan santa y tan ventajosa; las verdaderas, causas de este desorden, son la perdida de la fe, la indiferencia, la gula y la impiedad.

   ¿Creéis que vuestra salud sea débil?; pero ¿no tenéis la culpa de  haber perdido vuestra salud? ¿No la destruís con la avaricia, la lujuria, la vanidad, la gula, la embriaguez, la cólera, los juegos y otros excesos?

   Muchas veces la salud sólo está alterada por el desorden de las pasiones ¡Oh! ¡Cuántos hay que abusan de esta, salud, don tan precioso de Dios!...

Hay varias especies de ayuno.

   Hay el ayuno de la voluntad. Hemos ayunado, dicen algunos, y ¿por qué no ha tenido Dios en cuenta nuestros ayunos? Porque dice Isaías, seguís vuestros caprichos y voluntades en los días de ayuno: (LVIII.  3) ¿Acaso el  ayuno que yo estimo, dice el Señor por medio de; Isaías, no es más bien el que tú deshagas los injustos contratos,  que canceles las obligaciones usurarias que oprimen, que dejes en  libertad a los que han quebrado, y quites todo gravamen? (LVIII. 6 ). ¡Qué partas tu pan con el hambriento, y que a los pobres y a los que no tienen hogar los acojas en tu casa, y vistas al que veas desnudo, y no desprecies tu propia carne, o a tu prójimo! (LVIII.7). Sí esto haces, amanecerá tu luz, como la aurora, y llegará presto tu curación; y delante de ti, irá siempre tu justicia, y la gloría del Señor te acogerá en su seno. (LVIII. 8.) Entonces invocarás al Señor, y él te oirá benigno: Clamarás, y él te dirá: Aquí estoy. (LVIII. 9).

   Notad aquí que el Señor enseña y explica cuál debe ser el ayuno de los cristianos durante la cuaresma y los demás días de ayuno. Es preciso: 1°. Que el alma se abstenga de los vicios, así como el cuerpo se abstiene del alimento, dice San Jerónimo: Porque el objeto del ayuno es humillar el cuerpo y sujetarlo al alma, sujetar el alma a la razón, la razón a la virtud y al espíritu, y el espirita a Dios;  y sí no os encamináis a este fin, en vano emplearéis el remedio de los ayunos, de la misma manera que el enfermo toma inútilmente el remedio, si no se abstiene de lo que puedo dañarle, dice San Crisóstomo: (In Gen. I, homil. VIII).

martes, 20 de febrero de 2018

TENTACIONES – Por Cornelio Á Lápide. (Parte 3)



David y Goliat.


TENTACIONES – Por Cornelio Á Lápide. (Parte 3)


Pueden vencerse las tentaciones con el auxilio de Dios.

   Si Dios está por nosotros, ¿quién con ventaja luchará contra nosotros? dice el gran Apóstol: (Rom. VIII. 31). Todo lo puedo en el que me mortifica: (Philipp,  IV. 13).

   Dios nos asiste en lo fuerte del combate. El que da la voluntad, da el poder para ser cooperadores de sus obras; y podemos decir con el Salmista: Dios es mi luz y mi salvador; ¿a quién he de temer? Dios es el protector de mi vida; ¿quién me hará temblar? (XXVI. 1).

   Deseo, dice el gran Apóstol a los corintios, que no os sucedan más que tentaciones humanas y ordinarias. Dios es fiel, y no sufrirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que hará también que salgáis de la tentación para que podáis permanecer firmes: (I, X. 13).

   Todas las naciones, dice el Real Profeta, se han armado contra mí; y en nombre del Señor venceré: Se han arrojado sobre mí como un enjambre de abejas: y en nombre del Señor venceré: Mis enemigos me han empujado para precipitar mi caída; pero el Señor me ha sostenido: El Señor es mi fuerza y mi gloria, y ha venido a ser mi salvador: Gritos de alegría y de victoria resuenan en la tienda de los justos: La diestra del Señor ha desplegado su fuerza la diestra del Señor me ha llevado, la diestra del Señor ha señalado su poder: (Psal. CXVII. 10)

   Marchareis, dice en otra parte el mismo profeta, sobre el áspid y el basilisco, y humillareis a vuestros pies al león y al dragón: (XC. 13).

   No tenemos un pontífice que no pueda participar de nuestras enfermedades, dice el gran Apóstol, sino un pontífice que ha sido tentado y experimentado en todo para ser semejante a nosotros, si se exceptúa que está libre del pecado: (Hebr. IV. 15).

   El Señor, dice el apóstol San Pedro, sabe librar a los justos de  tentaciones: (II. II. 9). Son Noé, Lot, Abraham, Jacob, José. Moisés, David, Susana, Daniel, Esther y Mardoqueo, Judith, Jael, Tobías, Judas Macabeo, Pedro, etc...

viernes, 16 de febrero de 2018

TENTACIONES – Por Cornelio Á Lápide. (Parte 2)


LA TENTACIÓN DE SAN HILARIÓN


La tentación es una prueba que distingue al bueno del malo.

   La Escritura compara la tentación a un tamiz. (Luc. XXII. 31). El tamiz separa el trigo del mal grano y de la paja; el buen grano se queda, el grano malo cae y desaparece; asi los verdaderos fieles, los justos resisten a las tentaciones, mientras que los cobardes, los pecadores y los impíos sucumben y caen en el infierno...

Hay varias clases de tentaciones: son frecuentes y muchas veces terribles.

   Las tentaciones se suceden como las olas a las olas, los vientos a los vientos, el eslabón de una cadena a otro eslabón; y muchas veces se experimentan varias tentaciones á la vez...

   La tentación comprende también las aflicciones, las tribulaciones y las pruebas...

   La prosperidad es también una tentación peligrosa; la elevación, el honor y la alabanza son tentaciones terribles... (Nuestra nota: cuidado querido hermano con estas tentaciones, tan comunes en estas épocas, tentaciones de las cuales ya ni se hablan ni se predican contra ellas)

   Hay tentaciones del demonio, del mundo y de la carne...
   Se llama propiamente tentación todo lo que solicita al hombro al pecado...

   Hay tentaciones que no hacen cometer más que un solo pecado; otras hacen
Cometer muchos a la vez, como la tentación de Adán y de Eva, que contenía en sí el orgullo, el descontento, la curiosidad, la fe en las palabras de la serpiente, la desobediencia y la gula.

   Siempre que hemos vencido a semejantes enemigos, dice San Gregorio, hemos de estar necesariamente dispuestos a vencer a otros. (In Job.)

   Dice el Apocalipsis que el dragón, es decir, Satanás, se fué, lleno de rabia, dispuesto a hacer una guerra cruel e incesante. (XII. 17).

   Cobardía, mentira, habilidad, promesas, furor, crueldad y malicia, todo lo emplea el maligno espíritu...

   Cuando solo, o con todas sus legiones, no puede triunfar, Satanás llama en su auxilio a los demonios encarnados, es decir, a los escandalosos y corruptores... Llama en su auxilio a las tres concupiscencias de que habla San Juan. (1San Juan. II. 16).

Necesidad de las tentaciones.

   Nuestra vida en este destierro no puede pasar sin tentaciones, dice San Agustín porque nuestro adelanto espiritual se verifica por la tentación; no podemos conocernos sino por la tentación; no podemos ser coronados sin haber vencido; no podemos vencer sin combate, y no podemos combatir sin enemigos ni tentaciones.

   No hay victoria sin combate, dice San Cipriano. (Lib. de Mortalitate).

   No hay grandes obras de virtud sin las pruebas de las tentaciones, dice San León; la fe se confirma con las agitaciones, no hay combate sin enemigo, y no hay victoria sin llegar a las manos. Si queremos triunfar, es preciso combatir.

   Soldados de Jesucristo, sois  demasiado delicados, dice San Crisóstomo, si creéis vencer sin lucha y triunfar sin batiros. (Serm de Mart.)

   El humo precede a la llama, dice San Crisóstomo; y el combate procede a la victoria antes  del triunfo de Jesucristo en el último día, habrá la tentación del Anticristo. (Serm de Mart.)

   Porque erais agradable al Señor, dijo el ángel a Tobías, ha sido preciso que fuéseis experimentado por la tentación. (Tob. XII. 13).

   El reino de los Cielos sufre violencia, dice Jesucristo, y sólo por violencia puede arrebatarse. (Mateo. XI. 12).

   Por muchas tentaciones hemos de entrar en el reino de Dios, dice el gran Apóstol. (Act. XIV. 21).

El verdadero valor y la verdadera fuerza, consisten en vencer las tentaciones.

   ¿Quién es poderoso y valiente? El qne combate las tentaciones y las vence...

   El bienaventurado Pablo. Dice San Crisóstomo, veía cada día que montañas de tentaciones se desplomaban sobre él, y se alegraba, se conducía como si se hubiese hallado en medio del Paraíso.

   El mejor y el más grande de los reyes es el que puede mandar a sus pasiones, dice Sócrates. Heroísmo en vencer las tentaciones... Hay vergüenza y cobardía en dejarse vencer...


“Tesoros de Cornelio Á Lápide”





jueves, 15 de febrero de 2018

TENTACIONES – Por Cornelio Á Lápide. (Parte 1)



¿Por qué a permitió Jesucristo que el demonio le tentase?


   Jesús, dice el evangelista San Mateo, fué conducido por el Espíritu al desierto, para que el demonio le tentase. (San Mateo. IV. 1).

   Quiso Jesucristo ser tentado: 1) Para enseñarnos a resistir a las tentaciones, y convencernos de qne hemos de ser experimentados para salvarnos. 2) Para enseñarnos que la tentación no es un pecado. 3) Para probamos  que con la gracia se pueden vencer todas la tentaciones. 4) Para manifestarnos que es nuestro hermano. 5) Para patentizarnos que ha cargado con nuestras miserias. 6)  Para decirnos que hemos de preparamos a todas las tentaciones y esperarlas. 7) Quiso ser tentado para vencer al demonio. Jesucristo ha sido tentado, dice San Agustín, para que el cristiano no fuese vencido por el tentador, y vencedor Jesucristo, fuésemos nosotros también vencedores (In Psal. XC).

Los santos no están exentos de tentaciones; Quienes están más tentados que los otros.

   Se ha dado a mi carne un aguijón, el ángel de Satanás, que me abofetea, dice el gran Apóstol: (II. Cor. X II. 1). Y exclamaba: ¡Qué desgraciado soy! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Rom. VII. 24). Veo en mis miembros otra ley que combate la ley de mi espíritu, y me cautiva bajo la ley del pecado, que está en mis miembros. (Rom. VII. 23).

   Los justos son tentados como los demás hombres, dice la Sabiduría. (XVIII. 20). No son los buques vacíos los que temen a los piratas, dice San Crisóstomo, sino los que están cargados de oro de plata y de  piedras preciosas: de la misma manera el demonio no atormenta fácilmente al  pecador, sino más bien al justo, en quien se hallan grandes riquezas en virtudes y en méritos.

El arte de aprovechar nuestras faltas – Primera parte: Capítulo I - V






   1. La estimación exagerada de nosotros mismos produce impaciencia y turbación.No hay que confundirse tristemente y con inquietud; el amor propio es el que produce esas confusiones, porque estamos pesarosos de no ser más perfectos, no tanto por amor a Dios, sino por amor a nosotros mismos. ¡Nos causa tanto bien llorar por nuestros defectos, y esto contenta tanto al amor propio!

   Nada hay como el demasiado cuidado de nosotros mismos que nos haga perder la tranquilidad de nuestro espíritu, llevándonos a rarezas y desigualdades de carácter. Porque cuando sufrimos algunas contradicciones, con sólo advertir algún vestigio de nuestra inmortificación, o cuando incurrimos en algún leve defecto por pequeño que sea, nos parece que todo está perdido.

   Nuestro primer mal es la estimación que tenemos de nosotros mismos; si incurrimos en algún pecado o imperfección, henos ya asombrados, turbados, impacientes, porque creemos ser alguna cosa buena, resuelta, sólida, y, por tanto, al ver que no es así, y que hemos caído de bruces en tierra, nos turbamos enfadados y descontentos por habernos engañado en nuestros cálculos.

   Tened gran cuidado de no turbaros cuando cometáis alguna falta, ni dejaros llevar de dulces enternecimientos respecto de vosotros mismos, pues todo esto no procede más que del orgullo.

   2. Después de una caída, corrijamos nuestro corazón con dulzura y compasivamente. — Tal es la línea de conducta que nuestro dulce Santo opone a las agitaciones y solicitudes estériles engendradas por el amor propio. Parece haber tomado partido a favor del corazón que ha claudicado, y tanta conmiseración siente hacia él, que en lugar de recriminarle y turbarle más, he aquí cómo quiere que se le trate:

   No atormentéis vuestro corazón, aun cuando se haya extraviado algo; tomadlo con suavidad y conducidle nuevamente a su camino.

   Querida hija mía, cuando incurrimos en defectos, examinemos nuestro corazón inmediatamente y preguntémosle si conserva siempre viva y entera la resolución de servir a Dios; espero que nos responderá que sí, y que antes sufriría mil muertes que separarse de esta resolución. Preguntémosle de nuevo: — ¿Por qué, pues, tropiezas ahora? ¿Por qué eres tan cobarde? —Responderá: —He sido sorprendido, no sé cómo; pero estoy de ello pesaroso ahora. — ¡Ay! querida hija, Es necesario perdonar: no ha faltado por infidelidad, sino por enfermedad. Hay que corregirle suavemente, tranquilamente, y no encolerizarle y turbarle más”

   “Preparad vuestra alma a la tranquilidad desde la mañana; tened gran cuidado durante el día de recordárselo y de tomarla en vuestra mano. Si sentís algún movimiento de disgusto, no os espantéis por ello; pero al reconocerlo, humillaos suavemente delante de Dios y procurad dominar vuestro espíritu en actitud de suavidad. Decid a vuestra alma: Nada, ¡adelante!, hemos dado un paso en falso; marchemos ahora gallardamente y tengamos cuidado de nosotros. Y todas y cuantas veces cayereis, haced lo mismo.”


EL ARTE DE APROVECHAR NUESTRAS FALTAS. SEGÚN SAN FRANCISCO DE SALES. POR EL M. R. P. JOSÉ TISSOT. OBRA DEL SIGLO XIX.


AYUNO Y ABSTINENCIA – Por Cornelio Á Lápide (II parte)




   COMENTARIO DEL BLOG: Esta parte de Cornelio Á Lápide constituye todo una joya sobre el ayuno, jamás, y lo digo en sentido literal, leí algo tan bello y profundo sobre el ayuno como lo constituye este fragmento. 



Excelencia del ayuno, sus admirables efectos y sus ventajas.


   El ayuno, dice San León, engendra los pensamientos castos, las voluntades razonables y rectas, y los más saludables consejos: con esta aflicción voluntaria, la carne muere para, las concupiscencias, y el espíritu se renueva con las virtudes.

   Oíd a San Ambrosio: ¿Qué es el ayuno, dice, sino la imagen del cielo y el precio con que puede adquirirse? El ayuno es el alimento del alma, el alimento del espíritu. El ayuno es la vida de los ángeles; el ayuno es la muerte del pecado, la destrucción de los crímenes, el remedio de la salvación, el manantial de la gracia, el fundamento le la castidad. Por medio del ayuno se llega pronto a Dios.

   El ayuno, dice San Efrén, es el carro que conduce al cielo. El ayuno suscita profetas, y enseña sabiduría a los legisladores. El ayuno es el guarda perfecto del alma, cohabita con el cuerpo sin dañarle.


   El ayuno es un alma a toda prueba para los soldados valientes y los intrépidos atletas. El ayuno resiste a las tentaciones; da unción a la piedad. El ayuno apaga la violencia del fuego, cierra las fauces de los leones, y encamina las oraciones al cielo. La abstinencia es madre de la santidad, disciplina de la juventud y adorno de la vejez.  No sólo es el ayuno una virtud perfecta, sino el cimiento de las demás virtudes; es la santificación, la pureza, la prudencia, virtudes sin las cuales nadie puede ver a Dios.

   El hambre, dice San Ambrosio, es amiga de la virginidad, y enemiga de la lujuria; pero los excesos en la mesa ahogan la castidad y alimentan las pasiones: (Serm, de Quadrag.)

   Asi como el soldado no es nada sin armas, dice San Crisóstomo, y las armas no son tampoco nada sin el soldado, de la misma manera la oración no es nada sin el ayuno, ni el ayuno sin la oración. (In Matth., c. VI).

miércoles, 14 de febrero de 2018

AYUNO Y ABSTINENCIA – Por Cornelio Á Lápide (I parte)






Necesidad del ayuno y la abstinencia.

   Ya en la antigua ley, ya en la nueva, Dios ordena el ayuno... La Iglesia hace de él un precepto Quitad la leña del fuego, si queréis que mengüe la llama, dice un poeta.

   Más, la concupiscencia es un fuego devorador: es pues preciso hacer ayunar la carne...

   Vale mucho mejor para vosotros, dice San Jerónimo, que padezca más bien vuestro estómago que vuestra alma; vale mucho más mandar a la carne, que obedecerle, vacilar con pié incierto y débil que caer en impurezas. Es con el rigor de los ayunos y de las vigilias: que pueden rechazarse los dardos envenenados del demonio: muerto está el que vive en medio de las delicias.

   El mismo Platón prohibía comer carne dos veces al día, y saciarse. (Lib. De legib).

   Necesidad del ayuno y de la abstinencia para evitar el pecado…

   Necesidad del ayuno y de la abstinencia para expiar los pecados cometidos

   Necesidad del ayuno y de la abstinencia para vencer y rechazar al demonio.

   ¿En qué consiste que no hemos podido arrojar a este demonio? decían los discípulos a Jesucristo. Él les respondió: Estos demonios: no pueden ser arrojados sino por medio de la oración y del ayuno. (Marco IX. 27-28)

   Es imposible ser casto si uno no se mortifica…  El ayuno es obligatorio.


Ejemplos de ayuno y abstinencia.

Del ayuno y tentación –– Por Fray Luis de Granada.





   Después del sacro misterio del Bautismo y del magnífico testimonio del Cielo, es llevado Jesús por el Espíritu Santo al desierto, para que allí sea tentado del enemigo.

   ¿Qué consecuencia tienen entre sí estos misterios? ¿Cómo dicen en uno los trabajos y soledad del desierto con los pregones del Cielo? ¿Y las tentaciones del enemigo con los favores del Espíritu Santo?

   Primeramente por aquí entenderemos que el regalar Dios a sus siervos no es para asegurarlos, sino para esforzarlos y disponerlos a mayores trabajos. Así cura y da de comer el caminante a su caballo, para esforzarlo en el camino, y así arma y favorece el Capitán a su soldado, para ponerle en el mayor peligro. Y por esto, el que así se viere visitado de Dios no por eso se tenga por más seguro, sino antes por citado y emplazado para el mayor peligro.

   Donde también es de considerar cómo antes que el Salvador diese principio a la predicación del Evangelio, se aparejó con ayuno de cuarenta días, y con la soledad y ejercicios del desierto; para que tú por aquí entiendas cuán grande sea el negoció de la salud de las almas; pues aquel Señor, que era sumamente perfecto, sin tener de eso alguna necesidad, se dispuso para él con tan grandes aparejos. Y por aquí también entenderán los oficiales de este oficio en qué género de ejercicios se han de ejercitar antes que comiencen este negocio.

   Porque ninguno debe salir a lo público de la predicación si primero no se hubiere ejercitado en secreto de la contemplación; pues, como dice San Gregorio Lib. 23 Mor. C. 21, “ninguno sale seguro fuera si primero no está ejercitado de dentro”.

MIÉRCOLES DE CENIZA. Día de ayuno y abstinencia.





El ayuno obliga a todo los mayores de edad hasta los cincuenta y nueve.

La abstinencia obliga a partir de los catorce años cumplidos (aunque es aconsejable iniciarla desde los 7 años, como antes se acostumbraba).

El ayuno es realizar sólo una comida fuerte (completa) al día.


Se permite, además, la parvedad en la mañana y la colación en la noche que consiste en un muy ligero alimento (bastante menor al acostumbrado). No debe comerse ningún otro alimento entre comidas. Los líquidos simples o para calmar la sed pueden beberse a cualquier hora (por ejemplo: agua, cerveza, vino, café con poca azúcar, etc.). No deben beberse, entre comidas, caldos, leche y otros que fungen como alimento.

La abstinencia prohíbe comer EN NINGÚN MOMENTO DEL DÍA, carne y caldo de carne de animales terrestres o que vuelan (res, carnero, cerdo, pollo, codorniz, pájaros, etc.). Se permite la carne de pescados o mariscos. En algunas regiones existe el error generalizado de que se permite el pollo o el caldo de pollo, pero esto no es así.







DEMONIOS – Por Cornelio Á Lápide. (Parte VIII)






Crueldad y furor del Demonio contra los hombres


   El demonio, como león rugiente, anda girando alrededor de vosotros en busca de presa que devorar, dice el apóstol San Pedro, (1Pedro V, 8)… No dice el Apóstol que el demonio trata de morder, sino que traía de devorar...

   ¡Ay de la tierra y del mar! dice el Apocalípsis, porque el diablo bajó a vosotros arrojado del cielo y está lleno de furor, sabiendo que le queda poco tiempo (Apoc. XII. 12).

   Simón, Simón, dijo Jesucristo a Pedro, mira que Satanás va tras de vosotros para zarandearos como el trigo cuando se criba:
Simón, Simón. (Luc. XXIL 31).

   El dragón, dice el Apocalípsis, se irritó, y marchóse a guerrear: ( Apoc XII. 17).

   La crueldad y la rabia del demonio, dice el Salmista, le llevan a perseguirme, A apoderarse de mí, y a hundir en el polvo mi gloria. (Salmo VII. 6). Mis enemigos, añade, me tienen cercado por todas partes; tienen puestas sus miras para dar conmigo en tierra; están acechándome como el león preparado a arrojarse sobre su presa, o como el leoncillo qne en lugares escondidos está en espera: levántate, o Dios mío; prevén el golpe, y arrójalos por el suelo, libra mi alma de las garras del impío. (Salmo. XVI. 11-13). El jabalí del bosque todo lo ha destruido, y se apacentó en ella esa fiera singular o solitaria: (Salmo LXXIX. 14).

   Serviréis á dioses extraños, que no os darán descanso ni de día ni de noche, dice el profeta Jeremías (XVI. 13). Estos pretendidos dioses, que son tan crueles, son los demonios...

   Cada vez que pecamos, dice San Jerónimo, caemos bajo el imperio del demonio, que jamás nos da descanso, pues nos impele siempre a añadir un crimen a otro crimen hasta hacer de ellos una montaña.

Devastaciones producidas por los demonios

lunes, 12 de febrero de 2018

De las enfermedades por comparación a los premios del cielo que esperamos – Por el Padre Luis de Lapuente.





   Lo primero has de considerar, que la sabiduría de nuestro gran Dios y Señor, como dispone todas las cosas de esta vida mortal en número; peso y medida, del modo que se ha visto, así también ordena las que pertenecen a la vida eterna; pero de tal manera, que el número, peso y medida de los trabajos de esta vida, es breve, finito y moderado: más el de los premios tiene un modo de inmensidad e infinidad eterna con tanto exceso, que quien los conoce abraza con sumo gusto cualesquiera trabajos, por grandes y largos qne sean, pareciéndoles muy pequeños y breves como expresamente lo enseñó el Apóstol cuando dijo: Las aflicciones de este tiempo no son dignas de la gloria que se descubrirá en nosotros, y nuestra tribulación momentánea y ligera en esta vida produce sobre toda medida un peso eterno de gloria en el cielo; de donde claramente puedes sacar, que si tus trabajos te parecen largos y grandes, es porque no tienes la estima y amor que debes de los premios eternos; porque si estimaras el premio en mucho, tuvieras los trabajos en poco; y si amaras mucho a Dios, sintieras poco el trabajo con que se busca; y si el amor de Raquel hizo que el trabajo muy largo y penoso le pareciese a Jacob corto y suave, también el amor de la vista clara de Dios y de su amorosa contemplación te endulzaría la enfermedad de tal manera que aunque fuese larga, te pareciese breve; y aunque fuese penosa, la tuvieses por suave. ¿Quién de los apóstoles padeció más trabajos que San Pablo? ¿Quién más tribulaciones y persecuciones? ¿Quién más necesidades y enfermedades, hasta darle de bofetadas el ángel de Satanás con el aguijón de su carne, ora este aguijón fuese algún dolor agudo de ijada, o alguna tentación fuerte de la carne, o alguna persecución terrible de la gente de su linaje? Pero esto, y todo lo que padeció por largos años, le pareció tan breve, y tan ligero, que lo llama momentáneo cosa que dura un momento, y se pasa en un instante, y apenas es sentido, cuando ya se ha ido; porque la grandeza del amor de Cristo, y la grande estima del premio eterno, se lo hacía llevadero todo.

sábado, 3 de febrero de 2018

MEDITACIÓN SOBRE CÓMO HAY QUE VENCER LA TRISTEZA







Colaboradora del blog.


   I. Cuando estamos agobiados bajo el peso de la tristeza, cuando la malicia de nuestros enemigos, la infidelidad de nuestros amigos, los sufrimientos de nuestro cuerpo y tantos otros acontecimientos desfavorables nos colman de amargura, buscamos un amigo fiel para descargar nuestro corazón en el suyo. ¿Dónde encontrar un amigo más fiel que Jesús? Vayamos, pues, al pie de los altares, confiémosle el motivo de nuestras lágrimas, roguémosle que nos libre de nuestras penas. Interroguémosle, escuchemos lo que nos diga en el fondo del corazón, y pronto seremos consolados. Me acordé de ti, Señor, y me alegré (El Salmista).

   II. Para disipar la tristeza, consideremos que existen personas más desventuradas que nosotros. ¡Tantos pobres en los hospicios, tantos enfermos en su lecho sufren mucho más que nosotros! Las benditas almas del purgatorio, los condenados en el infierno, sufren tormentos incomparablemente más crueles que los que nos hacen gemir a nosotros. Aceptemos de buen grado esta tristeza para expiar nuestras faltas. Si una hora de pena te resulta intolerable, ¿cómo sufrir los suplicios eternos del infierno? Piensa en esta verdad y ya no derramarás lágrimas sino para borrar tus pecados.

   III. Piensa en la tristeza que se apoderó del corazón de Jesucristo en el huerto de los Olivos; piensa en los tormentos que por ti soportó en la cruz, y di con Él: “Padre mío, que se haga vuestra voluntad; si queréis que gima durante toda mi vida, me someto a vuestra santa voluntad”. Después de todo, no debemos esperar estar siempre alegres y contentos, puesto que Jesucristo y los santos han estado siempre en aflicción y lágrimas. Señor, quiero llorar con Vos, porque nadie puede gozarse en la tierra con el rico Epulón y reinar con Dios en el cielo. Los cristianos deben temer los gozos de la vida presente y desear los sufrimientos con ardor (San Juan Crisóstomo).



La oración.

Orad por las órdenes religiosas.

El arte de aprovechar nuestras faltas – Primera parte: Capítulo II - IV





IV

   1. La falsa humildad turba el espíritu y no le deja luces para ningún bien. —

   Para combatir más eficazmente esta turbación tan funesta, San Francisco de Sales se aplica a descubrir la causa ordinaria, por no decir única, de ella: el amor propio, el buscarse a sí mismo.

   Santa Teresa lo había ya dicho: “Con la humildad verdadera el alma se reconoce por ruin, y de ello se apena; esta pena no va acompañada de turbación ni de inquietud; no causa ni ofuscación en el espíritu ni aridez; al contrario, consuela. El alma entonces se aflige de lo que ha ofendido a Dios, y por otra parte se dilata, esperando su misericordia. Tiene luces para confundirse a sí misma y para alabar a Dios, que la ha soportado. Pero en la falsa humildad, que da el demonio, no hay luces para ningún bien. Parece que Dios lo pone todo a sangre y fuego; esta es una invención del demonio de las más funestas, sutiles y disimuladas que de él conozco” “Vida” autobiografía de la santa.

   Y he aquí por qué la turbación después del pecado es un mal tan común.

   “Humillarse de sus miserias—dice un santo sacerdote—es una cosa buena que pocas personas comprenden; inquietarse y despecharse es una cosa que todo el mundo conoce y que es mala, porque en esta especie de inquietud y de despecho, el amor propio tiene siempre la mayor parte.”

      Federico Ozanam añade, finalmente: “Hay dos clases de orgullo: el que está contento de sí, y es el más común y menos peligroso, y el que está descontento de sí, porque espera mucho de sí mismo y que se engaña en su esperanza. Esta segunda especie es mucho más refinada y peligrosa.”

   2. — La inquietud y la turbación provienen, sobre todo, del amor, propio. —

   Nuestro buen Santo persigue en todas sus astucias a este amor propio disfrazado con la máscara de la humildad. Los apresuramientos de su alma, no tanto para curarse, sino para saber que está curada; esos secretos despechos por los que no se quiere jamás hacer las paces con su conciencia, y en los que se encuentra más cómodo abandonarla como incorregible; esas melancolías en que se sume, esa incesante y exclusiva contemplación de sus faltas y de sí mismo; esa necesidad de gemir más aún delante de los hombres que delante de Dios, con un imperceptible deseo de ser compadecido y acariciado, todo eso lo toca el sabio Doctor, y muestra que todo ese disgusto de todas las cosas ha sido ordenado por cierto padre espiritual que se llama amor propio.

   “Uno de los buenos usos que deberíamos hacer de la dulzura es aquel que tiene por objeto a nosotros mismos, y consiste en no enfadarnos contra nosotros ni con nuestras imperfecciones. Porque aunque la razón exige que cuando cometemos alguna falta debemos estar por ello disgustados y pesarosos, no pretende que nos empeñemos en tener una disciplina agria y enfadosa, despechada y colérica.”

   “Con esto cometen una gran falta muchos que, habiendo montado en cólera, se enfurecen por haberse enfurecido y se enfadan por haberse enfadado, pues con ese sistema tienen el corazón inundado de cólera, y aunque parece que la segunda cólera destruye a la primera, es lo cierto, sin embargo, que abre el paso a otra nueva cólera a la primera ocasión que se presente para ello. Esto, aparte de que semejantes cólera, enfados y acritudes que se tienen contra sí mismo tienden al orgullo, y su origen es únicamente el amor propio, que se turba y se inquieta al vernos imperfectos” (Introducción a la vida devota).


EL ARTE DE APROVECHAR NUESTRAS FALTAS. SEGÚN SAN FRANCISCO DE SALES. POR EL M. R. P. JOSÉ TISSOT. OBRA DEL SIGLO XIX.

miércoles, 31 de enero de 2018

El arte de aprovechar nuestras faltas – Primera parte: Capítulo II - III



III

   1. Hay que afligirse de los defectos con una aflicción tranquila y valerosa. —

   “No nos incomodéis ni asustéis al ver vivir aún en vuestra alma todas las imperfecciones que me habéis contado; no, yo os lo suplico; porque aunque hay que rechazarlas y detestarlas para enmendarse de ellas, no hay que afligirse por eso con una aflicción enfadosa, sino con una aflicción valerosa y tranquila que engendre un propósito bien firme y sólido de corrección.”

“Hay que huir del mal, pero es necesario que se haga apaciblemente, sin turbarnos; pues de otro modo, al huir, podríamos caer y dar tiempo al enemigo para matarnos... Hasta la penitencia hay que hacerla apaciblemente. He aquí, decía el gran penitente, que mi muy amarga amargura está en paz. (Is., XXXIII, 17.)

“Nada debe desagradarnos ni enfadarnos tanto como el pecado, pero aun
en esto es necesario mezclar algo de júbilo y santo consuelo.”

   “Quien sólo es de Dios, no se contrista nunca sino de haber ofendido a Dios; y su tristeza, por eso, se pasa en una profunda, pero tranquila y apacible humildad y sumisión, después de la cual se levanta uno firme en la bondad divina, con dulce y perfecta confianza, sin disgusto ni despecho.”

“En suma: no os enfadéis, o a lo menos no os turbéis por haber sido turbados, no vaciléis por haber vacilado, no os inquietéis por haber sido inquietados por esas pasiones enfadosas; sino recobrad vuestro corazón y ponedle suavemente en las manos de Nuestro Señor... Haciendo retornar tanto como podáis vuestro corazón a la tranquilidad respecto de vosotros mismos, aunque os veáis tan miserables.”

   Cuantas veces halléis vuestro corazón privado de la dulzura, no hagáis sencillamente más que tomarle con las yemas de los dedos y no apretándolo, es decir, no lo tratéis bruscamente... Hay que tener paciencia consigo mismo y lisonjear a su corazón alentándole, y cuando esté bien picado, refrenarle como al caballo con la brida y meterle firmemente en sí mismo, sin dejarle correr tras sus sentimientos.”

   “Tened un gran cuidado en no turbaros cuando hayáis cometido cualquier falta, pero humillaos prontamente ante Dios, con una humildad dulce y amorosa que os lleve a la confianza de recurrir inmediatamente a su bondad, asegurándoos que os ayudará a enmendaros. Cuando cometáis algunas faltas, cualesquiera que sean, pedid de ellas perdón suavemente a Nuestro Señor, diciéndole que estáis bien seguro de que os ama bien y que os perdonará. Y esto sencilla y dulcemente.”


EL ARTE DE APROVECHAR NUESTRAS FALTAS. SEGÚN SAN FRANCISCO DE SALES. POR EL M. R. P. JOSÉ TISSOT. OBRA DEL SIGLO XIX.





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...